Se me devuelve el mundo
que bosteza
y blasfema,
que transita
y que reza,
que transgrede
y se hace pequeñito
como un puñado de letras
mal escritas sobre la arena.
Es quizá por eso
que las aves de la noche
prefieren estar lejos
y cantarle a eso sin luz
que temo yo
y que temes tú
porque de eso estoy seguro.
Van y se detienen las alboradas,
el amanecer anunciado por la chispa del volcán
mientras todos se temen a sí mismos
culpando a la casualidad y al mismo Dios
porque no pueden entender su geometría
tan simple y cotidiana
como la luz imperfecta
que ha llegado portentosa y puntual
en la primera hora de la mañana.
Y sí,
quizá el futuro se adelante
cuando la tierra se despierte
y reclame un poco de respeto
a ese huracán de gente
que va y viene y nunca se detiene,
a ese mismo que se me devuelve
en el bostezo trasnochador,
en el rezo incabado
o en todo lo que nunca dije
cuando tampoco podía comprender.
(Ciudad de Guatemala, noche de pánico por la llegada de la gripe porcina)
miércoles, 29 de abril de 2009
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