lunes, 20 de octubre de 2008

Octubre consulvionado y libertario

Recién estoy de vuelta de un concierto que pretendía conmemorar la revolución de octubre de 1944, y digo "pretendía" pues siempre el populismo gubernamental y un pésimo protocolo empañaron lo que hubiera sido una maravillosa tarde de música y reencuentro. Pero a pesar de ello, no pude desempotrar esa volcanada de emoción cuando el Quinteto Tiempo coloreó con sus sonidos las últimas horas de un día de octubre yermo en la historia, castrado y más que libertario, revolucionado y manipulado, desvergonzado y convulsionado. Después de un merecido abucheo al Presidente de la República y su protagónica esposa, la impaciencia por escuchar a Los Guaraguao empezó a hacer tumulto en la muchedumbre, a tal punto que al llegar el tiempo a las dieciocho del reloj, tuvieron que cancelarlo, siendo la más justo y decente que pudieron hacer porque todos los que acudimos a la plaza central deséabamos recibir la noche con aquellas canciones que durante la guerra fueron prohibidas y censuradas, pero jamás asesinadas.

Cuatro grandes pancartas colgaban de la fachada del Palacio de la Cultura, las cuatro con mensajes alusivos a tres personajes que firmaron esa parte de nuestra historia y uno más citando un hermoso fragmento de Luis de Lión, "Acerca del venado y sus cazadores". Esas pancartas y el concierto con un sonido miserable, es lo único que puedo agradecer al gobierno de turno, aunque admito que pudo ser de otra manera.

Cantamos, bailamos, gritamos, aplaudimos y como por acto de magia colectiva, se sentía en el aire que todo aquel legado de inspiración al trabajo y la paz, recuperaban sus matices de boca en boca y de mano en mano. Fue imposible ocultar lágrimas de octubre en estos ojos que lloraron y siguen llorando porque me siento un conformista del enviciado tiempo que nos está tocando vivir: narcotráfico, pandilleros, tecnología incontrolada, corrupción, ingobernabilidad, dogma religioso, SIDA, endeudamiento, hambre y miseria. Me regaño a mí mismo y me trato de consolar diciéndome que la paz ya no se consigue con armas sino con el diálogo y la razón, que la violencia me puede matar hoy o mañana, pero que las nuevas generaciones están aprendiendo a domar a su manera al monstruo de la oscuridad, y que mi país muy pronto aprenderá de su pasado y que estos años son los primeros pasos del camino a su verdadera libertad.

Hoy ya no es como antes que te mataban porque creías en la libertad, sin embargo, sigue siendo peligroso denunciar la miseria y la impunidad, hoy quizá ya no esté prohibida la música de trova, pero aún sigo siendo reservado en mi manera de escucharla, hoy el futuro parece trágico y sin embargo será nuestro presente quien lo decida por medio de nuestro trabajo honrado, la unidad en el rescate de nuestros valores y toda la grandiosa herencia que nos han dejado nuestros mártires, nuestros padres y todos aquellos que siguen permaneciendo anónimos en el manoseado conteo de nuestra historia.

Asesinato del grito (Del poemario "TRANSICION A LA NADA" ©® 1992)

Me matarás hoy
pero no lo hagas mal
para resucitar nunca.

P
orque si lo hago
te mataré tanto
para que nunca olvides
que soy tu hermano.

jueves, 16 de octubre de 2008

La ciudad de los mártires

Mi vida no vale más que la tuya ni la de nadie, es sólo que el permiso que tengo para transitar en esta dimensión me ha hecho buscar algunas respuestas a algunas de las preguntas que creo, suelen estar presentes en las mentes de muchos de ustedes. Una de ellas, por ejemplo, tuvo una respuesta contundente hoy que fui y vine a Iximché, la ciudad de los cakchiqueles, esa misma que la mano del invasor traicionó y arrasó con fuego, poniendo de manifiesto la podredumbre que nos vino del otro lado del mar a despojar de lo que por derecho legítimo le pertenecía a nuestros abuelos y abuelas. Y no crean que voy a escribir acerca de ese nefasto episodio de nuestra historia, sino que quiero contarles que hoy que caminé bajo un cielo plomizo en compañía de una llovizna pertinaz y un viento frío, de oriente a poniente en lo que se ha rescatado de una gran ciudad precolombina, me hizo reflexionar acerca del valor que tienen los centros ceremoniales distribuidos en todo el país, algunos ya ensuciados por la mano engusanada de la maldad, pero la mayoría, por dicha, aún siguen intactos conservando la energía de los elementos más simples de la naturaleza, esos mismos que se utilizan para convocar las fuerzas del planeta y del universo, todos ellos y nosotros, consustanciales con el Creador. Pensé brevemente al compás de la lluvia y el fuego que crecía frente a nosotros y supe, sin preguntar a los sacerdotes mayas que oficiaban la ceremonia, que aquello que estaba viviendo era la más ecuménica de las cruzadas de fe, pues la petición constante de justicia, amor, armonía, respeto y solidaridad, fueron elementos siempre presentes en cada una de los llamados a los nahuales, cuyo significado fue más que elocuente, y lo digo en voz alta, sin pronunciar palabra alguna. No hubo iglesias ni congregaciones, tampoco servicios religiosos de ningún tipo, fue simplemente la alabanza al único Dios que reconozco es el creador y regente de todo lo que es y existe en el universo. No sé su nombre y no creo que algún día lo sabré, eso no importa cuando se es humilde y consecuente con su mandato supremo de: "Ama a tu hermano". Porque en ese templo de piedra ancestral, desgastada pero viva, los árboles, arbustos, insectos, pájaros y flores estuvieron siempre presentes para acompañar la oración de todos aquellos que acudimos allí a buscar consuelo a nuestras penas o simplemente, para fortalecer una fe que también supe el día de hoy, es universal y no pertenece a ninguna expresión religiosa de las que he conocido en estos años de tránsito accidentado. Fue una hermosa poesía escrita con viento, agua, fuego, piedra, monte y flores de montaña. Ninguna voz condenó los pecados individuales ni mucho menos se manipuló el arrepentimiento con diezmos u ofrendas forzadas. Sólo se escuchaba la voz del cielo cantando un hermoso himno de humanidad: suave, afinado, armonioso, maternal. Cuando dejó de llover y los desnutridos rayos del sol osaron desafiar un cielo gris casi impenetrable, el calor de la convivencia y el compartir nuestros sueños y esperanzas, me hizo comprender que mi vida no vale más que la tuya ni la de nadie, simplemente me enseñó a valorar mi propia vida, encontrando suficientes motivos para seguir viviendo. Ese todo que soy (Del poemario "LO QUE QUEDA DEL CAMINO" ©® 1990) Todo lo que escribo esta noche
todo lo que ronda cada noche
todas las espinas que me hieren
todas las fieras que ahora duermen
toda la basura acumulada en mi memoria
todo lo que duele
todos los que lloran
todos los que leen este todo
es todo lo que soy para todos.

lunes, 13 de octubre de 2008

El insomnio de los gatos

Sí, eso mismo que pienso y repaso de norte a sur en la multitud de mi cabeza, eso mismo ha de pensar el gato cuando lo adopté sin permiso alguno en mis absurdas historias, diestras y zurdas, impares, huérfanas. He de confesar que no le pedí permiso, sólo lo tomé del tejado sin considerar su apasionado romance con la luna ni sus acaramelados flirteos con las sombras.

Esta noche todo parece estar en calma. Es una de esas extrañas noches de luna llena en donde la ciudad gime de placer equivocado y la gente aparenta estar durmiendo, pero yo sé bien que trasnochan porque su reloj está varado y las cortinas de sus casas son un péndulo de tela al compás del insomnio. Es por demás decirles que en esta ciudad los grillos son cosa del pasado, que ya no se escucha el coro de las ranas ni el grito angustiado de su cómplice la salamandra. Todo parece distinto aunque en el corazón de su apesarada madeja de concreto hay seres que despiertan después del prolongado sueño de la mañana.

La temporada lluviosa está por terminar, dándole cabida a un aire frío que anuncia la llegada del fin de año, y es que en este trópico insular, la montaña es más soberbia que el mar. Hablo de mi país y de mis vecinos del centro, esos mismos que han estado con nosotros padeciendo el aullido de los gatos, los quejidos de los moribundos y los rezos penitentes de los que aún quedamos vivos...

El invierno de Neptuno (Del cuentario "CUENTOS DE HOMBRES PARA GATOS" ©® 1986)

A
sí fue aumentando esta agonía que usted probablemente ha vivido y que no se atreve a contar porque tiene miedo de volverla a vivir. Pero atrévase, siéntese y cuéntela, quizá ese espantoso vuelva a casa con los ojos más abiertos y su pesadilla no sea tan horrenda.

L
lueve toda la noche, los invitados son pocos, el rezo se termina, las velas están por apagarse. Se queda solo. Su distancia se agiganta. Llore, la soledad empieza a desaparecer cuando escucha pasos en el corredor. Siente mucho miedo, pero cálmese, no es nada extraño. Usted conoce esos pasos. Seguro que ahora no está solo. Alguien lo vigila y lo acompaña en su dolor. Sigue lloviendo, llueve, llueve, crecen las gotas. ¡Sublime agua! Hondísimo invierno que inunda con grises palabras los espacios.

¿
Verdad que ahora no siente miedo? Ríase de su soledad, búrlese de su nostalgia que un par de ardientes ojos lo vigilan. Usted no los ve, ellos a usted sí. Ya no sufra por Elisa, ella descansa suavemente en su caja mortuoria. Ella se siente feliz de que ahora estén completamente solos. Lo llama. Acérquesele despacio. Abra la caja, acaríciele el rostro. Llore si quiere. Usted la quiso tanto y ella a usted también, pero eligió saltar entre los muertos y contarle historias de vivos a todos los difuntos. Ayúdela, quédese a su lado. Muera con ella. Salten los dos con esta sublime brizna de invierno. ¡Vamos, muérase!

A
hora que ya está muerto, tómela de la mano. Salgan a dar un paseo bajo la lluvia. Elisa es un gato, un hermoso Angora que usted ama entrañablemente, es la mascota que tanto cuida. Usted también es otro gato que bautizaron con el nombre de Neptuno. Vayan a cazar fantasmas y demonios. Arañen el aire, aniquilen los pasos de sus sombras. Brinquen, corran de techo en techo. Son felices aliados de la lluvia en esta oscura noche de agosto. Sigan jugando que se les acaba el tiempo para retozar en cada uno de los tejados. Muéranse de risa, ahóguense con grandes carcajadas. Mueran como gatos, con las fauces rojas por la rabia y los ojos dilatados por el dolor, el veneno y el desprecio de su sangre. Ya poco falta para el entierro de Elisa.

N
eptuno ya no es un gato. Usted ya no es un astuto felino, es sólo usted y nadie más. Ya amaneció. Se prepara para el funeral de Elisa. Váyase con todos a ponerle un paraguas a la aurora, a pintar de naranja el cielo porque ya no llueve. Ya no es ni gato ni está solo. Ya no juega en los tejados ni destila rabia. Olvídese de lo de anoche y cuanto esté en el cementerio, dígale a sus amigos que desea ver a Elisa antes que la sepulten. Pídale favor a un amigo que levante la tapa de la caja y antes de volver a ver a su alrededor, asegúrese que Neptuno está dentro de usted porque su alma le pertenece. Y por favor, cuando suelte el llanto, cerciórese que no está solo y que Elisa no es un gato porque la gente se está marchando. Entonces usted no tendrá más remedio que salir corriendo cuando vea que Elisa no está allí dentro, porque ella murió hace tres años y lo que usted está sepultando es una peluda cola engusanada de algún gato Angora.

jueves, 9 de octubre de 2008

Hasta pronto mi dulce angelita, siempre te amaré

Faltan pocos días para conmemorar el segundo aniversario de la partida de mi pequeña, quien durante casi once años llenó mi espacio con sus estrellas de verano y sus cometas de invierno, ese ser maravilloso que partió a la dimensión sonora del silencio, allí mismo donde nace el sustento del sol y crecen libres las luciérnagas embriagadas de luz. El calendario transcurre líquidamente y escurre aquellos mágicos momentos desde que nació un 14 de febrero hasta el día en que se quedó suspendida, ingrávida, con un "hasta pronto" esbozado en sus ojos marchitos y su pelaje canado. Y voy repasando cada día de su existencia desde el primer ladrido, pues en efecto, fue admirable su obediencia e inteligencia, pero ante todo, la nobleza con la que honró su propia vida y llenó la mía con múltiples enseñanzas. Por eso te escribo estas palabras mi amada, para que te conozcan quienes nunca te vieron y para que no te olviden todos aquellos que al llegar a casa siempre te saludaban con cariño porque eras anfitriona y compañía de sobremesa. Pareceré un tonto llenando con recuerdos el espacio virtual donde quizá no haya cabida para los perros, pero es inevitable no quererte aún cuando ya no puedo acariciar tus belfos y la piel atigradada de tu lomo, porque ese vacío que dejaste en esta dimensión será por siempre y para siempre tuyo. Buenas noches mi dulce angelita, te envío desde acá un abrazo de orugas y un beso de alondras en parvada. Te mando una correntada de ternura endulzada con almíbar de noviembre, todo mi páramo de luz y mi promesa por un pronto reencuentro. Lo que nunca dijo Dios (Del poemario "SE HABITAN ALBORADAS" ©® 2008) Mar adentro
muy adentro sólo Dios y el marinero muerto conocen la verdad. (Por eso Dios jamás habló).

martes, 30 de septiembre de 2008

El comienzo de un futuro incierto

¡Vaya si no duele recordar! Ahora que he decidido desempolvar los manuscritos de muchos años atrás, es inevitable detener el llanto que se ha venido acumulando por mi pésimo hábito de recordar. Es quizá porque el futuro ha perdido brillo ahora que es imposible disfrutar cielos estrellados y amaneceres intensos, ahora que ya no es lo mismo viajar a la ruralidad de mi patria porque ya son muchos los cerros deforestados y los ríos contaminados, porque hasta la gente parece no ser la misma ahora que van al supermercado y ya no acuden al jolgorio los días de plaza, porque ahora casi todos piensan en tener una ciudad apabullante en donde ahora son campos de hortalizas y maizales. Me convenzo de este frágil futuro y por minutos me siento desertor de un mañana que corre a prisa en el minutero electrónico de mi reloj y se evapora como un sueño efímero, un billete de lotería caducado o como un pedazo de infierno puesto en grafiti en las paredes más deprimentes de esta ciudad.

Comencé a escribir justo el año en que cumplí diez, fue espontáneo, sin premeditación y sin afán de creerme artista, es más, ahora pienso que fue algo instintivo como la masturbación o los sueños incendiarios de libertad. Todos estos años de letras, lecturas, borrones y enmiendas, han creado en mí un pequeño universo creativo donde mi oficio de contar historias y gestar poesía son parte inequívoca de mis huellas digitales y de la geografía imperfecta de mi cerebro. Por eso quiero compartir este cuento que nació como parte de una "absurda narrativa poética" como solía llamar a mi producción literaria el sacerdote maya que aprendió que el verdadero arte de las letras se escribe con el día a día cuando se pide permiso a la tierra y a los nahuales para conjugar la materia y la energía, cual evoluta perfecta de nuestra relación con el Creador.

La última función (Del cuentario "AZUL EN NUESTRAS MANOS" ©® 1994)

Se enredó de nuevo, no voló. No aprendió a extender las alas, sólo pensó que el anciano lo esperaría con ansias y renunció al vuelo cobardemente, sabiendo que mañana moriría en el olvido y que nunca más volvería a ser el mismo.

Era domingo, un día antes de la presentación. El anciano estaba seguro que el pájaro sería el mejor número, por lo que no vaciló en colgarlo entre los hilos y enseñarle a volar. Trató de convencerlo del esfuerzo que le había tomado fabricarlo, pero la pequeña ave no quiso volar. Torpemente alzó las alas y cada vez que lo intentaba volvía a enredarse, como un pequeño insecto atrapado en la tela de una araña. Intentó toda la mañana y parte de la tarde, hasta que se fue debilitando su esperanza. Para el viejo todo estaba perdido. Tomó al pájaro y lo puso en su pecho meciéndolo con la ternura acumulada en el reloj incorregible de sus años. En la adversidad de la tarde, sólo quedaba el recuerdo de tantas manos inocentes que aplaudieron cientos de veces la habilidad del anciano para manipular silencio. Se quedó dormido junto al pájaro. Las delgadas cuerdas que sostenían su plumaje lo fueron enredando a tal punto de quedar atrapado como un viejo arácnido que no llegó al lunes después de un domingo de contradicción.

Los niños aguardaron la llegada del anciano, quien no llegó. Sólo se supo que unos hombres los encontraron muerto en la madrugada, y durmiendo junto a él, los títeres que nunca actuaron y una pequeña araña que trataba de escapar entre los hilos transparentes que sujetaban las plumas de algún pájaro vecino del jardín.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cuando el amor no fue suficiente

Están por cumplirse diez años desde que el huracán Mitch llegó anunciando tragedia en la aparente calma de mi veleta. Llegó como un gran señor, apoderándose de todo y como es costumbre en estos países castigados de la América Central, se creyó dueño de la tierra dejando sin futuro a nuestra gente, como si se vengara de algo imperdonable, pero eso sí, se marchó impune y sigue estándolo como lo están ahora aquellos seres que también arrasaron con lo que pudieron cuando se creían dueños del país. Es así como la historia registra la relación errática entre el tirano y la tragedia, marcando camino en esa pestilente conexión entre la agonía y la muerte.

Por suerte no me tocó quedar varado en la Ciudad de México por culpa del huracán. El regreso de una corta temporada fue prematuro, por lo que estar de vuelta en mi patria fue consuelo para mi familia pero no para mi corazón que venía aullando toneladas de llanto entre el cielo y la tierra que comenzaba a lamentarse. En efecto, parte de mí se quedó en ese país vecino, pero no en vigilia, sino agonizando por culpa de los hechos que me marcaron el destino para siempre, como si se tratara de una macabra revelación de algún ángel clandestino expulsado del paraíso. Por eso estoy registrando en mi bitácora azul esos eventos cercanos a la tragedia que literalmente inundó el país, dejándolo frío, hambriento y desconsolado, al igual que a mi corazón, hasta que la razón me hizo comprender que todo cuando sucedió no fue sino otro episodio más que quedó inconcluso por culpa de quien no supo comprender la tormenta que en nuestro interior fue más poderosa y mortal que el mismísimo huracán.

De allí surge el poemario "AMANDO DEL OTRO LADO" ©® 1998, del cual extraje estos tres poemas para triangular un pedazo de historia que se resiste a quedarse en mí:

Poema 2

Qué palabra
he de decir
para calmar tu pena,
qué poema
he de escribir
para llegar hasta ti
con un arsenal de ternura
y entender tu corazón
león enjaulado,
bestia herida,
ave con vuelo agotado,
gato pardo en celo,
malherido,
pero con tantas ganas
de amar
de sentir
de vivir y revivir.

Amor de lejos
te pregunto de cerca:
¿qué hago con tanto amor?

Poema 21

Te vas,
te vas,
te vas.
Vete,
vete,
vete,
¡márchate ya!

Bendice que te vas
porque yo maldigo que te quedes.

Poema 48

Cómo habría
de enlatar tu alma
tía abuela del sauce,
río destructor,
marinero gaseoso
gracioso
graciosísimo.

Cómo podría
saltar entre tu pelo
como un sapo arlequín
carnavalesco
caníbal
acorazado
gigantesco
dantesco
abominable.

Cómo te amaría
después de todo
y cómo me amarías
si supieras amar.

sábado, 20 de septiembre de 2008

El imperio de flores de mi abuela

¿Qué ganaría para mí mismo si pudiera más que los recuerdos?

Por más que lo intento, es imposible no recordar aquellas tardes de verano en casa de mis abuelos, los padres de mi madre y los mismos que me vienen a visitar de vez en cuando, o quizá los mismos que siempre están conmigo pero que yo por momentos olvido recordarlos.

Va mi mente transitando el pasado, oliendo el penetrante aroma de los naranjos, los limares, los geranios, claveles, rosas, mulatas, y en fin, todo un imperio vegetal donde mi niñez se nutrió de alborada y atardeceres repletos de sol. Esos colores y esos perfumes me llenan la soledad con recuerdos que intento olvidar porque deseo estar allí, ayudando a mi abuela a dejar nítido su basto jardín, donde solía rondar frecuentemente e imaginar que era dueño de un pedazo colorido de esa inmensidad.

Pero ellos ya no están y el jardín tampoco, como tampoco están la estación del ferrocarril y aquellos enormes pastizales donde se emparentaron tantas veces el colibrí y el monte. Están extintos y de ellos sólo me quedó un relato de verano que encontré en mis apuntes transcritos en máquina de escribir.

Madrileña ©® (Del cuentario "CUENTOS DE LA ESQUINA" ©® 1998)

La mujer extendió el abanico para refrescarse las rodillas, los muslos y todo lo demás, ahuyentando un poco la ola de mosquitos insistentes por penetrar en aquel inacabado espacio de pretérita lujuria. A eso de las diez de la mañana se apoderó de un rincón del patio e inició su rutinaria tarea de podar, y en algunos casos destrozar, el imperio de flores que era lo único alegre de la casa. Mientras tanto, el abanico de carey bordado en seda, seguía realizando su tarea de refrescar y ahuyentar.

E
se día quedaron muy vistosas las hortensias, las azucenas y las bugambilias; la mala hierba fue arrancada con malévola tristeza; hojas y ramas secas fueron a parar a la hoguera. Pasado de las doce se acordó que en la vieja estufa de leña se habrían deshecho ya dos berenjenas y las menudencias del pollo. Lanzó el abanico, olvidando lo útil que le había sido y corrió hasta la cocina con la esperanza de rescatar algo para su almuerzo y el de su gato albino. Su apresurada caminata fue infructuosa porque al llegar hasta el fogón se resbaló en la salsa de leche derramada en un intento pícaro del gato por devorarla, e inevitablemente se fue de bruces, cayendo rostro, manos y todo su largo cabello entre el fuego, más voraz y encendido que el mismo que había convertido en cenizas las hojas y ramas estorbosas del jardín.

La “Madrileña”, como le nombraban sus pretendientes de antaño por su convulsiva usanza del abanico, quedó finalmente desfigurada después de la agonía en la cocina y un almuerzo que jamás probó, al menos de berenjenas guisadas y menudos en salsa blanca. Nadie culpó al gato sino a la casualidad. Todos coincidieron en que siguió siendo la flor más bella de su jardín, esa poco perfumada y jamás polinizada flor que se fue secando, octogenaria y exquisita flor de lo único alegre que quedaba de la casa.

viernes, 19 de septiembre de 2008

La primera noche de mi taxi azul

Es de noche, claro, no podía ser de otra manera, puesto que de día es difícil imaginar las horas nocturnas, a veces silenciosas y otras tantas, como si se tratara de un corredor para los ruidos propios de la oscuridad.

Me encuentro en Ciudad de Guatemala, abrigado hasta los huesos por la terrible combinación de humedad y frío. Ha llovido más de lo esperado y más que una bendición de la naturaleza, cada gota de lluvia es una amenaza para los miles de paisanos que tienen más miedo que yo, pues son ellos mismos los que temen ser víctima mortal de algún derrumbe en las afueras de la ciudad y en lo más adentrado del país. Es como si cada gota de lluvia fuera un puñal de agua que lastima la tierra y hace ruido fúnebre en los tejados. ¡Pobre de los gatos en celo que tendrán que procrearse esta noche bajo la lluvia!

Apago mi teléfono móvil porque no quiero seguir enajenado de la humanidad, pero sobre todo, de mí mismo, como si fuera yo lo más importante en el bullicio. Necesito silencio para tomar un hilo de paz y empezar a tejer un lienzo de tranquilidad.

Deseo seguir escribiendo, pero con este anhelo desesperado de silencio, hasta el cabalgante ruido del teclado me impide continuar con serenidad.

Finalizo entonces enviando un abrazo cibernético a los cibernautas que toman valor de leer esta bitácora azul que es un taxi que pretende transportar magia de oriente a poniente, desafiando los límites de la imaginación. También les mando besos cumpleañeros a los que cumplen años y besos añejos para aquellos que se cansaron de cumplirlos.

Un poema basta, creo, para que me conozcan un poco más de lo que creo conocerme, uno de los que han nacido entre julio del 2007 y agosto del 2008, del poemario "SE HABITAN ALBORADAS" ©®:

Danza del unicornio en una noche sin luna ©®

A veces es bueno llorar
sin causa alguna
para aliviar el constipado
o para renovar el brillo
apagado de los ojos.

Eso mismo pensaba el unicornio
cuando inventó la lluvia
y se olvidó de la alegría.

Fue la noche perfecta
después de rescatar del olvido
a su amiga la rosa
y al clavel que se fue secando
entre las hojas marchitas de su diario.

El unicornio danzó toda la noche
y en esa noche sin luna
hasta los muertos regresaron
como si el unicornio
tuviera el don de la vida
clavado en su cuerno
que alguna vez le perteneciera
a esa estrella caída del universo.

Pero la noche tenía que acabar
y también las escasas horas
para recrear la lluvia
en un suspiro de silencio.

Así, de a poco
la música que brotaba del olvido
se fue apagando
como si se tratara de una vela
o una ramita de incieso a punto de expirar.

Los muertos y las horas
festejaron el festín del unicornio
y sin embargo la luna
no se lamentó nunca
de estar ausente esa noche
en que el pretexto azul
sería una lunada gris sin primavera.