En estas horas medianas de la noche estoy escuchando la canción "Amigo", de Roberto Carlos y es inevitable no llorar, susurrar en el alma recuerdos que se asoman, algunos tristes, otros muy duros y los que quedan, felices y llenos de sol. Y es que en cada verso de ese poema hecho canción, voy repasando día a día todos aquellos días del ayer que han marcado drásticamente el rumbo de mi destino. Porque te debo las llamadas telefónicas de preocupación por mis intentos suicidas, porque veniste muchas veces a rescatarme de la más profunda depresión y supiste entender que se trataba del dolor más genuino, quizá porque adivinabas que después te tocaría a tí vivirlo en carne propia cuando despediste a esos seres maravillosos que te dieron el sustento y el apoyo para crecer como un hombre libre y trabajador.
¿Acaso el dolor es la única fuerza capaz de hermanar a los hombres y a las mujeres en su eterno caminar por las sendas de la vida? Esa pregunta acaso no tenga respuesta en este momento porque no puedo dejar de llorar. Perdona mi sentimentalismo con la música, pero es en estos momentos en que creo es oportuno sincerarme y expresártelo para no quedarme luego en el intento, con ese sabor insípido por no haberlo dicho en el momento justo.
Ahora que te has unido a esta expedición de APEVIHS, creyendo en que todo es posible enmedio de la adversidad y la ignominia, es cuando te vuelvo a sentir cerca, como mi apoyo fundamental e irrepetible en estas extenuantes horas de trabajo y de impaciente espera. Gracias te doy entonces por creer en el verdadero valor de la amistad y hacerlo más valioso con tu proceder. Gracias te daré hoy y siempre por confiar en este proyecto que nos une aún más, aunque también te digo de todo corazón que hubiese querido que el tercero de nosotros cuyo nombre está por demás decirlo, no se hubiera quedado perdido en el camino, ¡ojalá algún día regrese pues lo extraño tanto!
Mi amigo querido, esto que estás sufriendo de nuevo lo hago parte mía y lo sufro a tu lado, a mi manera, pidiéndole a mis maestros del más allá que te reconforten en las horas más tristes de tus días, cuando yo no estoy presente para escucharte y para darte un apretón de manos o un abrazo sentido, para que sean ellos mismos los que coloquen un ramo de jazmines blancos en tu mesa de noche que perfume tu sueño y te reanime para comenzar de nuevo la jornada. Sabes que cuentas conmigo a pesar de estas cadenas que muchas veces me impongo a manera de autocastigo, como si yo mismo fuera incapaz de perdonarme a pesar de estar seguro de no merecerlo. ¡Qué contradicción esta la mía! Absurda, pálida, tonta y yerma, pero al final, creada por mí para irme destruyendo poco a poco. Por eso mismo es que te necesito tanto yo también, porque eres mi cable a tierra, porque me conectas con la realidad inmediata y me apabullas con tu integridad de razonamiento, aunque sepa y me quede callado que sufres quizá el doble pero no te dejas vencer. ¡Gracias también por el ejemplo!
Recuérdame con estas líneas y con los recuerdos que son lo único feliz que me queda, y no es que me esté yendo desde ahora, pues desde hace algún tiempo atrás que me empecé a marchar.
Un enorme abrazo mi amigo, mi hermano, mi fortaleza, mi faro a mitad de la tormenta.
El Vico

No hay comentarios:
Publicar un comentario