lunes, 13 de octubre de 2008

El insomnio de los gatos

Sí, eso mismo que pienso y repaso de norte a sur en la multitud de mi cabeza, eso mismo ha de pensar el gato cuando lo adopté sin permiso alguno en mis absurdas historias, diestras y zurdas, impares, huérfanas. He de confesar que no le pedí permiso, sólo lo tomé del tejado sin considerar su apasionado romance con la luna ni sus acaramelados flirteos con las sombras.

Esta noche todo parece estar en calma. Es una de esas extrañas noches de luna llena en donde la ciudad gime de placer equivocado y la gente aparenta estar durmiendo, pero yo sé bien que trasnochan porque su reloj está varado y las cortinas de sus casas son un péndulo de tela al compás del insomnio. Es por demás decirles que en esta ciudad los grillos son cosa del pasado, que ya no se escucha el coro de las ranas ni el grito angustiado de su cómplice la salamandra. Todo parece distinto aunque en el corazón de su apesarada madeja de concreto hay seres que despiertan después del prolongado sueño de la mañana.

La temporada lluviosa está por terminar, dándole cabida a un aire frío que anuncia la llegada del fin de año, y es que en este trópico insular, la montaña es más soberbia que el mar. Hablo de mi país y de mis vecinos del centro, esos mismos que han estado con nosotros padeciendo el aullido de los gatos, los quejidos de los moribundos y los rezos penitentes de los que aún quedamos vivos...

El invierno de Neptuno (Del cuentario "CUENTOS DE HOMBRES PARA GATOS" ©® 1986)

A
sí fue aumentando esta agonía que usted probablemente ha vivido y que no se atreve a contar porque tiene miedo de volverla a vivir. Pero atrévase, siéntese y cuéntela, quizá ese espantoso vuelva a casa con los ojos más abiertos y su pesadilla no sea tan horrenda.

L
lueve toda la noche, los invitados son pocos, el rezo se termina, las velas están por apagarse. Se queda solo. Su distancia se agiganta. Llore, la soledad empieza a desaparecer cuando escucha pasos en el corredor. Siente mucho miedo, pero cálmese, no es nada extraño. Usted conoce esos pasos. Seguro que ahora no está solo. Alguien lo vigila y lo acompaña en su dolor. Sigue lloviendo, llueve, llueve, crecen las gotas. ¡Sublime agua! Hondísimo invierno que inunda con grises palabras los espacios.

¿
Verdad que ahora no siente miedo? Ríase de su soledad, búrlese de su nostalgia que un par de ardientes ojos lo vigilan. Usted no los ve, ellos a usted sí. Ya no sufra por Elisa, ella descansa suavemente en su caja mortuoria. Ella se siente feliz de que ahora estén completamente solos. Lo llama. Acérquesele despacio. Abra la caja, acaríciele el rostro. Llore si quiere. Usted la quiso tanto y ella a usted también, pero eligió saltar entre los muertos y contarle historias de vivos a todos los difuntos. Ayúdela, quédese a su lado. Muera con ella. Salten los dos con esta sublime brizna de invierno. ¡Vamos, muérase!

A
hora que ya está muerto, tómela de la mano. Salgan a dar un paseo bajo la lluvia. Elisa es un gato, un hermoso Angora que usted ama entrañablemente, es la mascota que tanto cuida. Usted también es otro gato que bautizaron con el nombre de Neptuno. Vayan a cazar fantasmas y demonios. Arañen el aire, aniquilen los pasos de sus sombras. Brinquen, corran de techo en techo. Son felices aliados de la lluvia en esta oscura noche de agosto. Sigan jugando que se les acaba el tiempo para retozar en cada uno de los tejados. Muéranse de risa, ahóguense con grandes carcajadas. Mueran como gatos, con las fauces rojas por la rabia y los ojos dilatados por el dolor, el veneno y el desprecio de su sangre. Ya poco falta para el entierro de Elisa.

N
eptuno ya no es un gato. Usted ya no es un astuto felino, es sólo usted y nadie más. Ya amaneció. Se prepara para el funeral de Elisa. Váyase con todos a ponerle un paraguas a la aurora, a pintar de naranja el cielo porque ya no llueve. Ya no es ni gato ni está solo. Ya no juega en los tejados ni destila rabia. Olvídese de lo de anoche y cuanto esté en el cementerio, dígale a sus amigos que desea ver a Elisa antes que la sepulten. Pídale favor a un amigo que levante la tapa de la caja y antes de volver a ver a su alrededor, asegúrese que Neptuno está dentro de usted porque su alma le pertenece. Y por favor, cuando suelte el llanto, cerciórese que no está solo y que Elisa no es un gato porque la gente se está marchando. Entonces usted no tendrá más remedio que salir corriendo cuando vea que Elisa no está allí dentro, porque ella murió hace tres años y lo que usted está sepultando es una peluda cola engusanada de algún gato Angora.

1 comentario:

Anónimo dijo...

MAJESTUOSO! sublime! Como todo lo que escribes: lleno de vida, lleno de color.
Gracias por compartirte con nosotros.