Es de noche, claro, no podía ser de otra manera, puesto que de día es difícil imaginar las horas nocturnas, a veces silenciosas y otras tantas, como si se tratara de un corredor para los ruidos propios de la oscuridad.
Me encuentro en Ciudad de Guatemala, abrigado hasta los huesos por la terrible combinación de humedad y frío. Ha llovido más de lo esperado y más que una bendición de la naturaleza, cada gota de lluvia es una amenaza para los miles de paisanos que tienen más miedo que yo, pues son ellos mismos los que temen ser víctima mortal de algún derrumbe en las afueras de la ciudad y en lo más adentrado del país. Es como si cada gota de lluvia fuera un puñal de agua que lastima la tierra y hace ruido fúnebre en los tejados. ¡Pobre de los gatos en celo que tendrán que procrearse esta noche bajo la lluvia!
Apago mi teléfono móvil porque no quiero seguir enajenado de la humanidad, pero sobre todo, de mí mismo, como si fuera yo lo más importante en el bullicio. Necesito silencio para tomar un hilo de paz y empezar a tejer un lienzo de tranquilidad.
Deseo seguir escribiendo, pero con este anhelo desesperado de silencio, hasta el cabalgante ruido del teclado me impide continuar con serenidad.
Finalizo entonces enviando un abrazo cibernético a los cibernautas que toman valor de leer esta bitácora azul que es un taxi que pretende transportar magia de oriente a poniente, desafiando los límites de la imaginación. También les mando besos cumpleañeros a los que cumplen años y besos añejos para aquellos que se cansaron de cumplirlos.
Un poema basta, creo, para que me conozcan un poco más de lo que creo conocerme, uno de los que han nacido entre julio del 2007 y agosto del 2008, del poemario "SE HABITAN ALBORADAS" ©®:
Danza del unicornio en una noche sin luna ©®
A veces es bueno llorar
sin causa alguna
para aliviar el constipado
o para renovar el brillo
apagado de los ojos.
Eso mismo pensaba el unicornio
cuando inventó la lluvia
y se olvidó de la alegría.
Fue la noche perfecta
después de rescatar del olvido
a su amiga la rosa
y al clavel que se fue secando
entre las hojas marchitas de su diario.
El unicornio danzó toda la noche
y en esa noche sin luna
hasta los muertos regresaron
como si el unicornio
tuviera el don de la vida
clavado en su cuerno
que alguna vez le perteneciera
a esa estrella caída del universo.
Pero la noche tenía que acabar
y también las escasas horas
para recrear la lluvia
en un suspiro de silencio.
Así, de a poco
la música que brotaba del olvido
se fue apagando
como si se tratara de una vela
o una ramita de incieso a punto de expirar.
Los muertos y las horas
festejaron el festín del unicornio
y sin embargo la luna
no se lamentó nunca
de estar ausente esa noche
en que el pretexto azul
sería una lunada gris sin primavera.
Me encuentro en Ciudad de Guatemala, abrigado hasta los huesos por la terrible combinación de humedad y frío. Ha llovido más de lo esperado y más que una bendición de la naturaleza, cada gota de lluvia es una amenaza para los miles de paisanos que tienen más miedo que yo, pues son ellos mismos los que temen ser víctima mortal de algún derrumbe en las afueras de la ciudad y en lo más adentrado del país. Es como si cada gota de lluvia fuera un puñal de agua que lastima la tierra y hace ruido fúnebre en los tejados. ¡Pobre de los gatos en celo que tendrán que procrearse esta noche bajo la lluvia!
Apago mi teléfono móvil porque no quiero seguir enajenado de la humanidad, pero sobre todo, de mí mismo, como si fuera yo lo más importante en el bullicio. Necesito silencio para tomar un hilo de paz y empezar a tejer un lienzo de tranquilidad.
Deseo seguir escribiendo, pero con este anhelo desesperado de silencio, hasta el cabalgante ruido del teclado me impide continuar con serenidad.
Finalizo entonces enviando un abrazo cibernético a los cibernautas que toman valor de leer esta bitácora azul que es un taxi que pretende transportar magia de oriente a poniente, desafiando los límites de la imaginación. También les mando besos cumpleañeros a los que cumplen años y besos añejos para aquellos que se cansaron de cumplirlos.
Un poema basta, creo, para que me conozcan un poco más de lo que creo conocerme, uno de los que han nacido entre julio del 2007 y agosto del 2008, del poemario "SE HABITAN ALBORADAS" ©®:
Danza del unicornio en una noche sin luna ©®
A veces es bueno llorar
sin causa alguna
para aliviar el constipado
o para renovar el brillo
apagado de los ojos.
Eso mismo pensaba el unicornio
cuando inventó la lluvia
y se olvidó de la alegría.
Fue la noche perfecta
después de rescatar del olvido
a su amiga la rosa
y al clavel que se fue secando
entre las hojas marchitas de su diario.
El unicornio danzó toda la noche
y en esa noche sin luna
hasta los muertos regresaron
como si el unicornio
tuviera el don de la vida
clavado en su cuerno
que alguna vez le perteneciera
a esa estrella caída del universo.
Pero la noche tenía que acabar
y también las escasas horas
para recrear la lluvia
en un suspiro de silencio.
Así, de a poco
la música que brotaba del olvido
se fue apagando
como si se tratara de una vela
o una ramita de incieso a punto de expirar.
Los muertos y las horas
festejaron el festín del unicornio
y sin embargo la luna
no se lamentó nunca
de estar ausente esa noche
en que el pretexto azul
sería una lunada gris sin primavera.

1 comentario:
Pues mirá, acepto la invitación, me subo a tu taxi y me dejo transportar como la marea, con esa magia que solo tú nos puedes brindar.
FELICITACIONES POR TU BLOG!
Ya tienes lectora fiel. Adelante, que tienes mucho por compartirnos.
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